miércoles, 28 de agosto de 2013

La Vanguardia, Edición del viernes, 21 septiembre 1923, página 4

Asalto a la Caja de Ahorros de Tarrasa :: Los ladrones se apoderan, de tres mil pesetas:: Perseguidos por los vecinos disparan contra éstos y matan a un somatenista

Ayer mañana un grupo de pistoleros cometió un audaz robo asaltando a mano armada
la Caja de Ahorros de la ciudad de Tarrasa. Nuestro corresponsal en, aquella ciudad nos remite, poco después de ocurrido el suceso la siguiente versión de la forma en que se desarrolló el audaz atraco:

«A las diez y media de esta mañana cinco individuos que vestían traje de americana y sombrero de paja se apearon de un lujoso auto ante la Caja de Ahorros. Dos de ellos penetraron en el local y sorprendiendo al jefe del personal don Nicolás Talló, le encararon cuatro pistolas, diciéndole: «Levante Vd. las manos y no le pasará nada; abra la caja y vuélvase de espaldas; puede estar tranquilo. Esto es lo del día.».

Seguidamente los ladrones registraron la caja de caudales en busca de los billetes de Banco: pero como se entretuvieran algo con las carpetas en que había otros documentos, solamente se pudieron llevar unas tres mil pesetas en billetes pequeños. La cantidad robada no se sabe aún fijamente, a la hora en que envío estas notas, pues no se había efectuado aún el arqueo.

Al entrar los ladrones en la Caja de Ahorros salía de ella un obrero que había ido a cobrar un reintegro de trescientas pesetas para subvenir a los gastos del entierro de un individuo de su familia.

El referido obrero sospechó que los que habían penetrado en el establecimiento, eran atracadores y fue a avisar a una casa contigua al edificio de la Caja de Ahorros, donde habitaba el guarnicionero don Juan Castellá España, que era somatenista. Mientras, telefoneaba al Ayuntamiento en demanda de fuerzas un hijo del señor Castellá, éste salió a la calle armado de un revólver pero sea por la precipitación o por otra causa, se le encasquilló el proyectil, y no pudo disparar el arma.

Los ladrones al verse descubiertos salieron juntos los cinco de la Caja de Ahorros haciendo fuego sobre, el señor Castellá quien cayó moribundo, resultando herido el carretero Juan Vilarrube, vecino también de Tarrasa.

La lesión, según diagnóstico del médico don José Ullés es de pronóstico reservado.

Varios vecinos recogieron al señor Castellá trasladándolo a la farmacia del doctor Mach que está cerca del lugar del suceso, donde fue reconocido por el médico Sr. Cistaré quien certificó la defunción.

Como nota de ciudadanía hemos de consignar que aun los ladrones no habían salido del local cuando el farmacéutico don Miguel Mach, hombre ya entrado en años, salía sólo a la calle haciendo uso del silbato de reglamento, y la dependencia telefoneaba al Ayuntamiento y cuartel de la guardia civil demandando fuerzas.

En el lugar del suceso se personaron el jefe de la guardia civil don Manuel Pintado, el vocal de la junta de somatenes don Alfonso Sala y demás autoridades, dando las instrucciones necesarias para conseguir la captura de los autores del atraco. A los cinco minutos de haber abandonado la habitación los atracadores, más de veinte automóviles ocupados por somatenistas salían en distintas direcciones para perseguirles y lo propio hacían las fuerzas de la guardia civil destacadas en esta ciudad. También se avisó por teléfono a todos los pueblos vecinos interesando por la detención del auto del que fue fácil dar detalles, por ser muchos los que lo vieron.

Hasta, ahora los detenidos son cuatro ignorándose si entre ellos hay alguno de los atracadores, pues el juzgado guarda una reserva absoluta.

La noticia circuló rápidamente por nuestra ciudad haciéndose muchos comentarios acerca de la audacia inconcebible de los atracadores y deplorando la muerte de un ciudadano tan querido y estimado de todas las clases sociales como el que fue en vida cabo de los somatenes de este distrito don Juan Castellá España.—Alas.»

Más detalles :: Otra versión

Aun a trueque de incurrir en repeticiones insertarnos a continuación un nuevo relato del audaz robo, con menos detalles facilitados en el Gobierno civil y en la jefatura superior de policía.

Según los indicados informes a las diez y media de la mañana se paró frente a la puerta principal del edificio, de la Caja de Ahorros de Tarrasa, un automóvil pintado de negro con guardabarros blancos, marca «Ford», que ostentaba el número 11.464 de la, matrícula de Barcelona, del que descendieron ocho individuos de unos veinte a veinticinco años de edad, vestido uno de ellos de mecánico y los restantes con traje de lanilla.

Los mencionados sujetos penetraron en el edificio, cubriéndose el rostro con pañuelos y llevando todos ellos una pistola en cada mano.

Dos de ellos se dirigieron al empleado don Nicolás Talló, intimándole a que les entregase cuanto dinero había en caja.

Mientras tanto, tres de los asaltantes se abalanzaron sobre los otros empleados señores Domingo, Palet (don Manuel y don José), y Talló, sobrino del anterior, obligándoles a permanecer vueltos de espaldas y junto a una de las paredes del local.

El señor Talló fue maniatado, apoderándose entonces los ladrones de tres mil pesetas que hallaron en el establecimiento.

Momentos antes de haber entrado los asaltantes en el edificio, salía, de éste don Jerónimo Prat, imponente de la Caja, que había ido a retirar fondos, el cual, al notar la trepidación del motor del automóvil y ver descender a los individuos, concibió sospechas sobre los propósitos que les inducían a penetrar en aquel local, y retrocedía, dándose cuenta en seguida, de que ocurría algo anormal.

El señor Prat, en vista de lo que ocurría y sabedor de que frente al edificio de la Caja de Ahorros habitaba un somatenista llamado Miguel Castellá, que es propietario de un taller de guarnicionero próximo al lugar del suceso, fue a avisarle de lo que ocurría, acudiendo en seguida a la Caja da Ahorros, empuñando la pistola de reglamento que poseía.

Los asaltantes, al darse cuenta de la presencia del señor Castellá, volvieron rápidamente contra él sus pistolas, haciéndole fuego. El señor Castellá cayó al suelo alcanzado por las balas, momento de confusión que aprovecharon cinco de los ladrones para, montar en el automóvil que les había conducido al local asaltado, que tomó inmediatamente la dirección de la calle de Rubí, ganando la carretera de Sabadell a la Rabassada.
Los otros tres ladrones huyeron a todo correr por la calle del Valle.

El señor Prat, una vez hubo avisado al somatenista, señor Castellá, lo hizo también por teléfono al cuartelillo de la guardia civil y a la comandancia de la guardia urbana.

Al ruido de los disparos acudieron varios transeúntes y vecinos en el preciso momento en que los asaltantes emprendían la huida. Estos, siempre empuñando sus pistolas, dispararon contra los que acudían en su persecución, haciendo blanco en uno de ellos.

En el suelo quedó a consecuencia de la refriega, frente mismo al edificio asaltado, un individuo que presentaba una herida por arma de fuego en el brazo.

Recogido por varios de los que habían presenciado, la escena, fue conducido al dispensario municipal donde auxiliado convenientemente por los facultativos de guardia se apreció su estado como de pronóstico reservado.

El herido es constructor de carros, se apellida Vilarrubí y en el momento de ocurrir los sucesos pasaba casualmente por aquel lugar.

También fue alcanzado por los disparos un caballo que iba enganchado a un carro.

El somatenista señor Castells fue recogido por unos vecinos y conducido a la farmacia Mach, en donde falleció a poco de ingresar, a consecuencia de las tremendas heridas recibidas en cumplimiento de su deber.

Inmediatamente que las autoridades de Tarrasa estuvieron enteradas de lo sucedido, dieron aviso por teléfono a las autoridades de los pueblos cercanos, al efecto de que los ladrones no pudieran escapar.

Apenas se tuvo noticia en dichos pueblos, la guardia civil de servicio en ellos se puso a prestar servicio extraordinario, deteniendo a los ocupantes de los vehículos que infundían sospechas.

A las doce tocaron a somatén las campanas de la iglesia parroquial de Tarrasa, por lo que supuso el vecindario que los malhechores habían sido detenidos.

A los pocos momentos se supo que el auto utilizado por los asaltantes había sido encontrado en el kilómetro 13 de la carretera de Tarrasa a Sabadell, punto conocido por Can Barba.

El vehículo tenía grandes destrozos, por lo que se supone que debió estrellarse contra un árbol.

En el interior del automóvil no se halló cantidad alguna en metálico ni armas, y si únicamente un carnet de chófer a nombre de Vicente Villanueva y otro del Sindicato único del ramo de transportes, cuyo nombre estaba muy borroso. El automóvil lleva un motor con el número 53.037.

Las fuerzas de la guardia civil y somatén que salieron en persecución de los atracadores efectuaron la detención de varios sujetos sospechosos; uno de ellos fue detenido en la estación del ferrocarril eléctrico cuando se disponía a tomar el tren; otro en la calle de San Leopoldo, otro en el pueblo de Viladecaballs y otro en el de Ullastrell.

La cantidad, robada asciende a 3.981 pesetas, y un billete falso, de cien pesetas, retirado de la circulación.

Los detenidos :: Tres de ellos han sido reconocidos

Según informes de la policía han sido detenidos, como presuntos autores del asalto, los siguientes individuos:

José Saleta Pía (a) el Nano, de 23 años, metalúrgico, domiciliado en Barcelona, calle de Carretas, 27, tercero, segunda; Joaquín de Marco Martínez, de 27 años, natural de Santander, tranviario, habitante en la calle de Cortes 518, tercero, primera, y Jesús Pascual Aguirre, de 23 años, natural de Vitoria, sin domicilio.

Estos tres individuos han sido reconocidos como autores del asalto y uno de ellos fue el que hizo el disparo que mató al somatenista.

También han sido detenidos como presuntos complicados en el asalto Juan Basi Ferrer, de Santa Eugenia (Barcelona), repostero, habitante en la calle Condal, 26, primero, segunda; Arturo González Díaz, de 18 años, natural de Madrid, habitante en Barcelona, calle del Mediodía, 10 y Antonio Rodríguez Méndez, de 17 años, ajustador mecánico, sin domicilio, natural de Aranjuez.

Según antecedentes que constan en la jefatura de policía, José Saleta. Pía (a) Nano, nació en Barcelona, el 15 de noviembre de 1900 es de oficio tornero de metales y fue jefe de una banda de pistoleros a sueldo, del sindicato único del ramo de construcción. Fue detenido el 24 de julio de 1921, en unión de Andrés Masdeu Bautista, (a) El Largo y Juan Tarragó Janer (a) El Menta, con los cuales se hallaba escondido hacía algún tiempo en una casa de campo de las inmediaciones del río Llobregat, denominada La Farinera. Los tres fueron puestos a disposición del juzgado, convictos y confesos como autores de varios atentados de los llamados sociales; el 3 de agosto del 21 fueron absueltos por el juzgado, continuando detenidos gubernativamente hasta que el 2 de abril de 1922 se les puso en libertad al ser levantada la suspensión de las garantías constitucionales.

José Saleta (a) El Nano, se había confesado autor del lanzamiento, de bombas a la terraza del café Continental y a la del Círculo de Cazadores.


Todos los detenidos pertenecen al Sindicato único.