sábado, 31 de agosto de 2013

La Vanguardia, Edición del sábado, 22 septiembre 1923, página 16

EN TARRASA

El Consejo de guerra

Poco después de las once y media se constituyó anoche en la Escuela Industrial de Tarrasa el Consejo de Guerra, en juicio sumarísimo, instruido por el comandante de infantería don Francisco Pérez Garbi, juez de causas de esta Capitanía general, contra los procesados con motivo del asalto y robo a la Caja de Ahorros de aquella ciudad y la muerte del somatenista don Juan Castellá España.

Al Consejo de guerra asiste numerosísimo público.

El tribunal quedó constituido en la siguiente forma: Presidente, teniente coronel jefe de la zona de Tarrasa, don Juan Díaz Sevas; vocales, los capitanes don Luis Casas, don Lemento Larema, don Juan Rovareda, don Vicente Ballester y don Francisco González; vocal ponente, don Ignacio Grases; vocales suplentes, los capitanes don Rafael Robert y don José Fernández Unzúe.

Actuaba como fiscal el teniente auditor de esta fiscalía militar, don José María Sagnier y Sanjuarena, que con tal carácter había intervenido en la instrucción de las diligencias sumariales.

Como defensor de los procesados ejerció don Juan de la Vega Martínez.

La acusación pesaba principalmente sobre José Saleta Pla (a) el Nano, de 23 años, metalúrgico, domiciliado en Barcelona, calle de Carretas, 27, tercero, segunda; Joaquín de Marco Martínez, de 27 años, natural de Santander, tranviario, habitante en la calle de Cortes, 518, tercero, primera, y Jesús Pascual Aguirre, de 23 años, natural de Vitoria, sin domicilio.

Estos tres sujetos fueron reconocidos por testigos presenciales como autores del hecho.

El presidente ordena que se quiten las esposas a los procesados, que ocupan tres banquillos situados frente a la mesa. En el testero del salón figura un retrato de Su Majestad el Rey, y encima de la mesa un crucifijo.

Abierto el acto, el presidente declara que se reúne el Consejo de guerra en juicio sumarísimo contra Joaquín de Marco, Jesús Pascual y José Saleta, por el delito de atraco a mano armada, cometido en la Caja de Ahorros.

Ordena se dé la voz de: «Audiencia pública». El local queda atestado de público. Se produce un fuerte barullo, por la aglomeración de gente, que se agolpa a la entrada del edificio y pugna por entrar. El presidente amenaza con ordenar desalojar la sala si no se guarda la debida compostura.

Se da lectura a las declaraciones de los testigos.

A la una de la madrugada empieza el interrogatorio del procesado Marco.

A preguntas del fiscal declara que vino a Tarrasa para comprar terrenos, y añade que no conoce en aquella ciudad más que al dueño del bar.
A continuación declara José Saleta, quien dice que invirtió seis horas en llegar a Tarrasa y que solamente llevaba cinco pesetas.

El fiscal le pregunta si estaba a sueldo del Sindicato único y el procesado contesta afirmativamente.

El otro procesado, Jesús Pascual Aguirre, manifiesta que fue detenido por un paisano que resultó ser individuo del somatén. Dice que iba a Tarrasa a buscar trabajo; que es sindicalista, que fue expulsado de Francia y que estuvo trabajando una temporada en San Sebastián.

El fiscal, en hábil interrogatorio, le pregunta a dónde se dirigía al ser detenido, contestando el procesado que a Sabadell, donde tiene un amigo.

—¿Pues, cómo se explica que fuese detenido en la carretera de Martorell y no en la de Sabadell?

—Porque me equivoqué de camino—replica al procesado.

Le pregunta el fiscal si tiene en buen estado los sentidos corporales, la vista, el oído, etcétera y .el procesado contesta afirmativamente.

—¿Entonces, por qué al ser detenido usaba gafas negras?

Contesta el procesado que lo hizo para evitar la molestia del sol.

A continuación se procede al interrogatorio de los testigos.

Juan Martí Palau—Se ratifica en su declaración, después de leída. Afirma que reconoció en rueda de presos a uno de los atracadores, y al preguntarle el fiscal cuál es de los tres procesados que se sientan en los banquillos, dice: «Es ese»—señalando a Jesús Pascual Aguirre. (Sensación. El testigo, emocionado, se retira llorando.)

Se lee la declaración de una niña de unos trece a catorce años de edad. La testigo se ratifica en ella y añade que al ir a comprar a la calle de la Rulla, vió a uno de los atracadores que llevaba boina.

A instancias del fiscal, señala a uno de los procesados como a dicho atracador.

Declara otra niña, quien presenció cómo uno de los procesados disparaba un tiro por la espalda al somatenista señor Castella.

Don Nicolás Pallo, empleado de la Caja de Ahorros.—Se lee su declaración, en la que se ratifica el testigo. Reconoció a Saleta en rueda de presos como a uno de los atracadores.

A continuación declaran los médicos forenses don José Cadafalch y don Luis Cistaré, que efectuaron la autopsia del cadáver del somatenista señor Castella. Dicen que presentaba una sola herida por arma de fuego por la espalda, que ocasionó la muerte a causa de una intensa hemorragia, interna.

Declaran luego Olegario Ayona, Jerónimo Casanova, obrero del taller del señor Castella, quien dice que vió a dos o tres atracadores cuando subían al automóvil y que otro se quedó sin poder subir por haberse puesto en marcha el vehículo. Añade que vio a uno de los procesados en la calle del Valle, que conduce a la estación del ferrocarril eléctrico y que tiene casi la seguridad de que es el detenido o procesado Joaquín de Marco.


A las dos de la madrugada es llamado a declarar otro testigo.

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