jueves, 5 de septiembre de 2013

La Vanguardia, Edición del jueves, 27 septiembre 1923, página 7

Con motivo de la ejecución de los reos de Tarrasa, la Real e Ilustre Cofradía de los Desamparados, que cuenta con 800 cofrades, nos remite la siguiente descripción del funcionamiento de las tres corporaciones piadosas que intervienen en estos tristes casos:

«La Cofradía de la Paz y Caridad es la que acompañaba al reo desde la capilla al patíbulo o lugar de la ejecución, lo que se hacía antiguamente como procesión, presidiendo la sagrada imagen del Crucificado.

La Cofradía de los Desamparados es la que, mientras está el reo en capilla, le invita a inscribirse como cofrade y vestir el escapulario y darle sepultura después de muerto.

El verdugo, cumplida su misión, y certificada por el médico la defunción del reo, quita las ataduras y el aparato y lo separa del palo, y en aquel momento lo recogen los cofrades, no permitiendo que caiga en tierra, como se hacía antiguamente, que el verdugo lo tiraba del patíbulo y los cofrades lo suspendían con una sábana que se guarda en esta Cofradía. Le colocan en una sencilla caja y se les da sepultura civil o eclesiástica, según haya muerto, costeando todos los gastos, sin contar más que con la caridad de los cofrades, siendo así que antes se costeaba con las limosnas que se recaudaban por las calles de la ciudad.

Asisten a los reos, espiritualmente, los sacerdotes que nombra el excelentísimo señor obispo, y cuando interviene o son juzgados militarmente, se nombra también algún capellán castrense.


La Archicofradía de la Sangre y Desamparados tienen los reverendos priores, quienes asiste a también a estos actos para imponer el escapulario y ayudar, si conviene, en su ministerio a los padres nombrados a este efecto.»