viernes, 23 de septiembre de 2016

La Vanguardia, Edición del martes, 16 febrero 1932, página 8

Manifestaciones del gobernador

Cuando, según costumbre, el gobernador civil recibió ayer tarde a los periodistas, uno de éstos le preguntó si se le podía felicitar por el fracaso de la huelga.

—Eso — contestó el señor Moles — ustedes mismos son los que han de decirlo.

Todo va bien, a pesar de que desde la colocación por un individuo, que ha resultado ser ex presidiario, de una bomba en un depósito de aguas; haber hecho explosión varios petardos alarmistas, y la agresión habida contra un tranvía en San Andrés, siendo, heridos dos de los agresores, no se ha escatimado nada para el éxito de la huelga que se proyectaba.

Explosiones de petardos se han registrado en diversos sitios, uno de ellos frente al Gobierno civil.

Las coacciones para obligar al paro han sido numerosas, pero sin importancia, y en cuanto al efecto, ya se ha visto su escasa eficacia.

—¿Y qué noticias hay de Tarrasa? -- preguntaron los informadores.

—Pues que a las cuatro de la mañana — contestó el gobernador — un grupo de pistoleros obligó al vigilante a que les franqueara la puerta de la casa del alcalde, y después hicieron que éste fuera con ellos a viva fuerza al Ayuntamiento, del que se adueñaron, quedando en él un centenar de hombres armados con arma larga.

Desde el Ayuntamiento se disparó contra la guardia civil, que contestó a la agresión, y cuando el tiroteo duraba ya largo rato, los revoltosos obligaron al alcalde y a un bombero, que tenían como rehenes, a que salieran al balcón con una bandera blanca, como si quisieran indicar que se rendían.

La guardia civil suspendió el fuego, y entonces desde el Ayuntamiento arrojaron una bomba, que hizo explosión, resultando herido uno de los guardias.

La llegada de fuerzas del ejército, que auxiliaron a las de la guardia civil, obligó, por fin, a los revoltosos a rendirse, quedando detenidos de momento unos doce o quince.

Además de la compañía de infantería que marchó a Tarrasa, el capitán general tenía dispuesta una batería de montaña, con orden de cañonear la Casa Consistorial, si no se entregaban los revoltosos.

La línea férrea del Norte fue cortada entre San Andrés y Moneada, pero pronto quedó reparada.

También la explosión de una bomba ocasionó desperfectos en la vía, entre Villanueva y Cubellas, pero el servicio de trenes no sufrió interrupción.

En Mataró, Badalona y Sabadell hay huelga, pero pacífica.

En Calella y Villanueva, trabaja todo el mundo. En Vich y Granollers, el paro es parcial. En Igualada, la guardia civil disolvió una manifestación que pretendía hacer cerrar.

Por ahora no hay más que este movimiento, que se quiere presentar como sentimental  y que ha sido preparado por gente de de pésimos antecedentes y armada de bombas.

—¿Saldrá otro barco con deportados? — preguntaron de nuevo los reporteros.

—La gente a que antes me refería parece empeñarse en que salga, pero hasta el presente no hay nada acordado.

En Tarragona, según me comunica aquel gobernador, hay tranquilidad. Solo en Valls se pretendía ir al paro.

En Gerona, con cuyo gobernador he hablado también, se pretendió imponer la huelga a primera hora, pero luego se normalizaron las labores.

 En Lérida la nieve, que hasta, ha interceptado algunas líneas férrea, dificulta el trabajo. Hay allí, pues, la «huelga blanca».

Por lo que se refiere a la extensión del paro en Barcelona, sólo diré que se ha dado el caso de que muchos obreros que se hallaban en huelga la semana anterior, acudieron hoy al trabajo.

El servicio de abastecimientos se ha efectuado con toda regularidad.

Hay bastantes detenidos, y todos los Sindicatos han sido clausurados.

Otra versión de los sucesos

Medidas militares

Ayer tarde el general Batet, por estar muy ocupado, no recibió a los periodistas, comunicándoles por conducto de su ayudante, señor Lacanal, que a las tres de la mañana había sabido que en la vecina ciudad de Tarrasa un numeroso grupo de obreros había cercado el cuartel de la guardia civil, pretendiendo asaltarlo.

Las fuerzas que en él había alojadas al clarear el día salieron a la calle y persiguieron a los revoltosos.

Estos se refugiaron en el Ayuntamiento, y al acercarse la Guardia civil enarbolaron una bandera blanca desde el balcón.

Los guardias se acercaron confiados, y entonces los sediciosos arrojaron tres bombas sobre las fuerzas, cuyos explosivos al estallar hirieron a dos de los Guardias.

Inmediatamente la fuerza pública repelió la agresión, dando cuenta a los superiores de lo ocurrido.

Acto seguido salió una compañía del regimiento número 34, que en camiones de la Intendencia se dirigió a la estación de la Plaza de Cataluña y en tren especial marcho a Tarrasa.

Una batería de montaña quedó preparada para dirigirse también a la vecina población en caso de necesidad, a cuyo efecto estaba preparado un tren especial en la estación del Norte.

A las dos y media de la tarde el comandante militar de Tarrasa, don José Brinquiol, comunicó por teléfono al general Batet que el movimiento sedicioso estaba dominado y la población, tranquila.