lunes, 2 de diciembre de 2013

La Vanguardia, Edición del martes, 19 agosto 1924, página 10

El Consejo de guerra por el atraco a la Caja de Ahorros de Tarrasa

Sesión de la mañana

Como estaba anunciado ayer, a las diez de la mañana, se constituyó en el salón de actos de la cárcel celular el consejo de guerra ordinario, para juzgar la causa seguida contra los procesados José Aracil Cortés, Antonio Devesa Bayona, José Leopoldo Martínez Puig, Domingo Solá Tresserras y Joaquina Almirall Poch, por el delito de asalto y atraco a mano armada a la Caja de Ahorros de Tarrasa, hecho ocurrido el día 15 de septiembre de 1924, por el cual fueron juzgados sumarísimamente los individuos José Saleta (a) «Nano» y Jesús Pascual Aguirre, los cuales fueron ejecutados en garrote en vista de la condena de muerte: sobre ellos recaída

Formaban el tribunal el teniente coronel del cuarto regimiento zapadores minadores, don Anselmo Lacasa, como presidente, actuando de vocales los capitanes don Manuel García Rebello, don Ricardo Salas Ginestá, don Manuel Triguero Planas, don José Valls de la Torre y don José Gómez García, y de vocal ponente el tendiente auditor de segunda don Isidoro Peñasco.

La acusación fiscal corría a cargo del jurídico militar de la región don José María Sagnier, asistido del teniente auditor don Marcelino Coll Ortega.

Asistieron a la vista ocupando sus respectivos puestos en el estrado, los defensores de los procesados capitanes don  Antonio Jiménez Jiménez, del regimiento de Badajoz, don José Gutiérrez de la Higuera, don Resrtituto González Fraile, del de dragones de Numancia; don Guillermo Cavestany, de esta zona de reclutamiento y el abogado don Álvaro Vinyals.

Asiste escaso público.

Los acusados ocupan el banquillo. Todos ellos son jóvenes, como de unos 24 a 26 años, a excepción de la procesada Joaquina Almirall que aparenta tener unos cuarenta años. José Leopoldo Martínez Puig (a) «El Aristocrático», viste traje gris, cuello flojo, corbata y calza zapatos negros; José Aracil Cortés (a) «Pepín», viste traje azul de una pretenciosa elegancia, calcetines blancos y zapatos da color, y lleva también cuello y corbata; Antonio Devesa, viste trajo azul de mecánico, pañuelo de seda al cuello y calza zapatos altos y Domingo Solá, lleva traje negro, pañuelo de seda al cuello y zapatos de color. La mujer, Joaquina Almirall, lleva un traje amplio de tela negra con rayas blancas y zapatos negros, sucios y muy deteriorados.

El juez instructor comandante don Francisco Pérez Gerbert, procedió a dar lectura del apuntamiento que es extensísimo, pues la instrucción del sumario forma tres grandiosos tomos con un total de 1.025 folios.

Comienza el apuntamiento con las lecturas de varias declaraciones de las cuales se deduce la supuesta intervención de los procesados en el hecho de autos, así como la de otros individuos llamados Ramón Molina Mercader, que se suicidó hace unos meses cuando iba a ser detenido por la policía que, persiguiéndole por otro nuevo atraco, le tenia ya cercado y sin posibilidad de escapar; José Parera Almirall; José Soler Saumell y dos sujetos más apodados el «Naturista» y el «Rubio» que se hallan en rebeldía.

En otras muchas declaraciones, que no hacen aportaciones de interés, se da lectura a la primera declaración interesante. Es la de Juan Martín Palau, vecino de Tarrasa, testigo presencial del hecho. En ellas dice: que frente a la Caja de Ahorros vió un auto que esperaba y a un individuo que se paseaba por la acera. Después oyó unos disparos y vió a varios individuos que salían de la Caja de Ahorros revolver en mano.

No puede precisar nada más.

El capitán don Antonio Jiménez, uno de los defensores pide que se retiren de la sala las personas que aún han de declarar en el sumario, a fin de que no oigan la lectura de las declaraciones de los testigos, y puedan deponer con toda libertad.

El presidente atiende la petición y un caballero bien vestido, de barba blanca y con gabán negro es invitado a salir del local. Le acompaña un joven de unos 17 años.

Es el padre de José Leopoldo Martínez (a) «El Aristócrata», que se sienta en el banquillo.

Se leen después las declaraciones de Mariano Parera y la procesada Joaquina Almirall, hermano y madre, respectivamente, del acusado Juan Parera que se halla en rebeldía.

Son los dueños de la barraca donde fueron halladas, ropas, armas y bombas, que se suponen pertenecientes a la banda de atracadores.

Dicen que tenían la barraca alquilada, y que, por consiguiente, no la habitaban.

Joaquina Almirall no sabe mi donde trabajaba su hijo José Parera complicado en el asalto a la Caja de Ahorros y que es uno de los que se halla en rebeldía.

Tampoco reconoce el arma que aquél usaba ni nada de lo que fue hallado en la barraca.

En otras declaraciones el procesado Domingo Solá, reconoce un traje que le presenta la policía como suyo, pero afirma que los cargadores hallados en los bolsillos de dicho traje no son de su pertenencia.

Hay otra declaración de un individuo llamado Ramón Serra el cual informa mal de la vida privada de Joaquina Almirall añadiendo que por observaciones hechas por él, cree que el hijo de ésta llamado Juan debió tomar parte en el hecho de autos.

Las declaraciones prestadas por José Saleta (a) «Nano», antes de ser ejecutado, son muy interesantes.

En ellas, se habla concretamente de la intervención de los procesados Aracil, Leopoldo Martínez y Antonio Devesa en el atraco a la Caja de Ahorros de Tarrasa, en cambio no se nombra al procesado Domingo Solá.

Da detalles de la vida de cada uno de los asaltantes y sus señas personales.

Da los nombres de los tres procesados referidos además de Juan Parera y de José Soler, que era el que conducía el auto.

Sin embargo, parece que Saleta no quiso ponerlo todo en claro, pues si bien dió el nombre da sus compañeros, en cambio, les atribuyó a éstas señas personales que no coinciden con las verdaderas. De ellos no sabe los nombres y en alguna ocasión parece que, si los conoce, no quiere revelar claramente la personalidad de sus compañeros.

El agente de vigilancia don Fructuoso Álvarez dice que recibió dos anónimos diciendo que en la calle de San Sebastián estaban ocultos los atracadores, uno de los cuales, el Parera, era sindicalista y atracador muy conocido.

El funcionario de la Caja de Ahorros don Manuel Palet cree recordar que el procesado Parera estuvo en la Caja, con el pretexto de hacer algunas imposiciones, visitas que sin duda le sirvieron para enterarse de la distribución del local de la Caja de Ahorros.

Julio Vidal detalla cómo iba vestido uno de los asaltantes.

Otro testigo afirma que el asalto lo planearon dos sindicalistas de Tarrasa.

Afirma también que fueron nueve los asaltantes y que varios de ellos llegaron a Tarrasa para tomar parte en el atraco el mismo día de autos.

El que se llevó el dinero de la Caja de Ahorros fué el «Naturista». Al recoger el dinero estaban junto a él los dos sindicalistas de Tarrasa, que llevaban la cara tapada.

Después de cometer el atraco montaron todos en el automóvil que esperaba en la calle.

El procesado Leopoldo Martínez dice, que ha dormido una noche en su casa Antonio Devesa.

Dice que fue detenido por haberse encontrado en un baúl suyo una pistola con dos cargadores.

Reconoce como suyo todo lo hallado en el baúl.

Las hojas dirigidas a los trabajadores del puerto se las enviaron de Barcelona.

La pistola la compró a un amigo suyo por diez pesetas.

Conoce a Antonio Devesa porque se lo presentaron en la Barceloneta, donde Devesa trabajaba en la carga y descarga de buques.

No conoce a «Saleta», ni al «Naturista» y supo por la prensa el asalto a la Caja de Ahorros.

En las declaraciones que se leen de Antonio Devesa, éste, después de negar toda participación en el delito que se le imputa, manifiesta que vive maritalmente con una mujer en Tarrasa y añade que no conocía al «Saleta», al «Naturista» y al «Rubio».

Niega que estuviera en Tarrasa el día de autos. A esta ciudad no vino hasta el día en que se celebró el consejo de guerra sumarísimo al que asistió por pura curiosidad ya que no conocía a los sumariados.

Sin embargo, Devesa, que durante los primeros días de su detención tuvo el prurito de hacer declaraciones, haciendo en poco tiempo cuatro o cinco, las cuales se contradicen evidentemente entre sí.

Con este motivo se alude a un telegrama que días antes de cometerse el atraco, el Martínez envió al Devesa a Tarrasa, donde vivía este último, comunicándole que necesitaba de su ayuda para realizar un negocio. Dicho telegrama fue dirigido a la mujer con que el Devesa vivía maritalmente, la cual declara que su amante le dijo que dicho telegrama obedecía a unas gestiones que encargó a un amigo de Barcelona para que le buscase trabajo.

También se leen unas diligencias en las que consta que el Devesa pernoctó distintas noches en casa del Leopoldo durante los viajes que hizo a Barcelona.

Terminada la lectura de estas diligencias el presidente suspende la sesión por quince minutos y el tribunal abandona el estrado.

Los procesados se levantan del banquillo y formando un grupo charlan animadamente entre sí, a excepción de Joaquina que permanece sentada y silenciosa.

José Aracil y Domingo Solá, se dirigen después a uno de los bancos del público en el que hay varias personas de su familia y muchos conocidos, entablando con ellos una larga conversación. Entre las personas que hablaban con los citados procesados había varias muchachas jóvenes.

Los defensores también cambian brevemente impresiones con sus defendidos.

De todos los procesados el que tiene un aspecto más preocupado, es Devesa.

La mujer conserva una gran impasibilidad, habiendo llegado en algunos momentos de la sesión, a dormirse. En otras ocasiones se hace afanosamente aire con un abanico.

Transcurridos los quince minutos, el tribunal se constituye y se reanuda la sesión.

Se reanuda la sesión

Reanudada la sesión el tribunal vuelve a ocupar el estrado, y el juez reanuda la lectura del apuntamiento.

Se leen unas interesantísimas confidencias secretas en las que se descubre la vida privada de los procesados y la supuesta existencia de una banda, de pistoleros y atracadores a la cual pertenecían.

Se habla también de la preparación de varios atracos que preparaba la banda.

Entre ellos figuraba uno contra el habilitado de la Comandancia de Marina, que no se llevó a efecto en ocasión que el habilitado pasaba por la calle Ancha a causa de que iba acompañado de un marinero por quien, los atracadores sentían simpatía y temieron herirle al disparar.

Este atraco no se llevó a efecto por las referencias que dió acerca de los planes de la banda un escribiente de la Comandancia, el cual conocía a los atracadores por haberle pedido en distintas ocasiones que les facilitase libretas falsas de inscripción marítima para eludir la acción de la justicia en caso de ser perseguidos.

Otro de los atracos que se debían realizar fue dirigido contra una casa, comercial de esta plaza en el momento que sus dependientes colocaban fondos sacados del Banco de España, en una tartana.

Además de estas confidencias se pinta a los procesados como seres de una abyecta condición moral.

Del Devesa se dice que en lugares públicos se vanagloriaba de haber sido el que mató al cajero de la casa Salisachs.

También se afirma que todos los procesados han tomado también parte en el asalto a la Caja de Ahorros de Badalona, hecho ocurrido algunos meses antes.

Se cuenta que el Devesa cometió su primer atraco para pagar algunas deudas del Sindicato a que pertenecía.

Se dan también detalles de cómo fué detenido José Aracil. Según esto, hace tres meses, la policía tuvo, confidencias de que en la calle de Borrell, número 65, se escondía uno de los que habían, tomado parte en el atraco a la Caja de Ahorros de Tarrasa, apellidadlo Aracil, el cual vivía con su madre.

Aracil, al ser detenido, intentó fugarse descolgándose con una cuerda a un patio.

Aracil usaba también el nombre de José García Gómez, teniendo extendido, a este nombre un carnet de la Asociación Humanitaria Calatrava.

Últimamente estaba designado por determinado Sindicato para custodiar a uno de los sindicalistas más conocidos. En el sumario Aracil ha declarado que conocía al Saleta y como todos los encartados en este atraco ha dicho repetidas veces que es ajeno al mismo.

Después de algunas declaraciones referentes al reconocimiento de Aracil y «El Aristócrata» en rueda, de presos, por parte de algunos testigos del asalto a la Caja de Ahorros de Tarrasa, se lee el escrito provisional del fiscal don José María Sagnier.

Califica éste los hechos de atraco y agresión a mano armada a un agente de la autoridad, delito previsto en el Código penal, artículos 516 y 253.

A la Joaquina Almirall la considera como encubridora, por lo que pide para, ella prisión mayor.

Para los restantes procesados pide la pena de muerte para cada uno y devolución a la Caja del dinero sustraído. Finalmente se leen unas cartas cruzadas entre el Devesa y el Aracil, suspendiéndose después la sesión para reanudarla a las tres de la tarde.

Sesión de la tarde

A las tres de la tarde continúa la visita.

En la tarima y a la derecha del tribunal se colocó una pizarra en la cual aparece un croquis del lugar en donde ocurrió el hecho de autos y de las calles por donde se supone huyó el automóvil que utilizaron los autores del asalto.

En esta parte de la vista la procesada Joaquina Almirall está sumamente abatida y en algunos momentos se lleva el pañuelo a los ojos para secarse las lágrimas.

El juez instructor del sumario comandante señor Pérez, continúa la lectura del apuntamiento, en el cual se destacan las declaraciones de varios testigos, entre ellos José Cano y otra declaración del procesado Devesa.
Se amplía la declaración del testigo Salvador Perramón, quien relata su amistad con el procesado Martínez.

El testigo Joaquín Companys consta en el apuntamiento, que dijo que le parecía reconocer en una fotografía que se le mostró al procesado «Pepín»; pero no la de Cortés, a quien no conoce.

Se lee el informe de los maestros armeros, quienes en su dictamen señalan que no pueden apreciar el tiempo que hacía que había sido disparada la pistola que se encontró a uno de los procesados.

A continuación se lee la ampliación, de las declaraciones del padre del procesado José Leopoldo Martínez, consignatario de buques y comerciante en cereales, quien no aporta detalles de interés al sumario.

Después se da, lectura a la declaración de Ramón Serra, el cual fue quien acusó a la procesada Joaquina Almirall como, cómplice del asalto a la Caja de Ahorros de Tarrasa.

Dicho testigo fue declarado hace poco tiempo incapaz jurídicamente, según dictamen médico, por padecer ataques de enajenación mental.

Al darse lectura a dicha declaración la procesada Joaquina Almirall llora amargamente.

Continúa el apuntamiento con varias declaraciones de diversos testigos, entre ellos Sebastiana Madrid, José Palet y Domingo Sabaté, estos últimos empleados de la Caja de Ahorros de Tarrasa, los cuales no aportan dato alguno digno de especial mención.

A las cinco, el presidente suspende la sesión por diez minutos al objeto de dar algún descanso al juez instructor señor Pérez Garberí.

Los procesados se levantan y se dirigen a donde están sus familiares y amigos con los que conversan jovialmente.

José Aracil y Leopoldo Martínez hablaron un rato con los periodistas ante los que se manifestaron sumamente optimistas, diciendo que no dudan que se les concederá la libertad.

Se expresan, sin embargo, con gran apasionamiento, lamentándose que por el sólo hecho de tener ideas libertarias se vean en tan triste trance.

A cada, periodista le preguntaron el periódico a que pertenecían y les rogaron que les enviasen un ejemplar del número de hoy.

Nuevamente el presidente ordenó la reanudación de la vista.

Se reanuda la vista

Reanudada la vista se da lectura del resultado de varios reconocimientos en rueda de presos efectuados a raíz de la detención de estos individuos, los cuales dieron el resultado de que el Aracil, «El Aristócrata» y el Devesa fueran reconocidos por varios testigos.

Después a instancias de las defensas se leen varias diligencias aclaratorias.

Al ir a leer el juez un acta, los defensores se oponen alegando que no tienen previo conocimiento de tal documento, desistiendo el juez.

Y con la lectura de algunos documentos que no aportan nada nuevo al esclarecimiento de los hechos, se da por terminada la sesión, para continuarla hoy a las nueve.

Las conclusiones del fiscal

So sabe que en las nuevas conclusiones del fiscal se retira la acusación contra el Domingo Sala y Joaquina Almirall y se mantiene la petición de pena de muerte para los otros tres procesados.