jueves, 25 de agosto de 2016

La Vanguardia, Edición del martes, 15 diciembre 1931, página 35

Durante la última sesión del Ayuntamiento, se llenó el salón de numeroso público.

Después de despachar los asuntos de trámite, fue leído un dictamen de los señores Morata y Figueres sobre, el derrumbamiento de la pared que separa los cementerios católico y libre de esta ciudad junto con un voto particular de los señores Mallafré y Segués sobre la improcedencia de su aprobación.

Hizo uso de la palabra el señor Mallafré defendiendo su voto diciendo que no es incumbencia del Ayuntamiento el asunto de la secularización de los cementerios ya que según manifestó el ministro de Justicia el Gobierno ya daría las oportunas órdenes para la aplicación del citado proyecto de ley.

El orador fue interrumpido por grandes voces y protestas del público y el alcalde dirigiéndose al mismo, les manifestó que desde el momento que los ciudadanos tienen libre entrada al salón de sesiones, también los concejales tienen el derecho de exponer su criterio y que sea respetado.

El señor Camps manifestó que los firmantes del dictamen y voto particular son los que han de decidir la aprobación, de ambos documentos.

El señor Girona dijo que en el fondo ellos no se oponen al dictamen, pero que los asuntos de esta categoría no son de competencia de los Ayuntamientos, sino que su resolución pertenece al poder ejecutivo y que por lo tanto es el Gobierno el que ha de dictar las normas para su aplicación.

Durante el discurso del señor Girona se dieron diferentes voces de protesta que terminaron con un gran escándalo.

En vista de que el público continuaba con sus gritos e imprecaciones, el señor Giró optó por retirarse del salón de sesiones, siguiéndole los señores Mallafré, Oliat, Marc, Tusell, Brujas y Sagués.

Los señores Petchamé y Genescá intentan apaciguar los ánimos sin conseguirlo. Los alguaciles actuaron sin resultado. La presidencia consultó con el secretario sobre la suspensión del acto.

El público estaba, más calmarlo oyéndose, algunas discusiones. Los concejales se ausentaron del salón de sesiones habiendo un momento en que no quedó más que el secretario. Entre consultas y reuniones en la alcaldía se pasó cerca de una hora.

Por fin tomaron nuevamente asiento en sus escaños los concejales.

Puesto a votación el dictamen se aprobó con los votos en contra de los concejales.

El señor Armengol pidió a la corporación se de carácter popular al acto que se acababa de aprobar de derrumbar la pared del Cementerio.

—Sala.